Los años 70 trajeron consigo la irrupción en la vida política y social de aquellos distintos sectores populares que habían experimentado un crecimiento sustancial durante las luchas ejercidas contra los gobiernos militares; entre ellos, los estudiantes secundarios. En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias hasta ese momento inéditas en lo referente a participación política, dentro y fuera de los colegios. Las organizaciones políticas vieron incrementado notoriamente el número de sus militantes y el grado de su influencia.

Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983, fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción para su propio proyecto reaccionario. Para los que no encajaban en sus esquemas, se aplicaban distintos métodos “preventivos”, desde el asesinato y la desaparición, hasta las más refinadas formas de marginamiento social y psicológico, pasando, claro esta, por la clásica y tradicional prisión.

Cuando asumieron, en 1976, los militares consideraban que en la Argentina había una generación perdida: la juventud. Esta, por la sofisticada acción de “ideólogos” se había vuelto rebelde y contestataria. Jóvenes subversivos reales o potenciales que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasa a ser un peligro.
Uno de los aspectos más dramáticos de la represión vivida en aquellos años, fue el secuestro de adolescentes. Llegaron a 250 los desaparecidos que tenían entre 13 y 18 años, claro que no todos estudiaban. Muchos se habían visto obligados a abandonar la escuela para incorporarse al mundo del trabajo.
El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro. 3 de la Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Todos tenían entre 14 y 17 años. Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que califico al suceso como “accionar subversivo en las Escuelas”. Este hecho es recordado como “La noche de los lápices”.

Por eso, hoy recordamos a estos jóvenes, conmemorando el Día de los derechos del estudiante secundario.

Fuente: www.siemprehistoria.com.ar