La caza furtiva y el comercio ilegal de productos de vida silvestre es un problema grave en Argentina y el mundo, no solo por el acceso relativamente económico a una amplia variedad de recursos de vida silvestre, sino también por la falta de regulaciones efectivas y desinformación acerca de este tema. Dialogamos con Rebeca Lobo, Bióloga e integrante del Club de Observadores de Aves (COA).

Si observamos en nuestra Ciudad y la región, contamos mayormente con un ambiente árido. Dentro del cual, se encuentra una diversidad importante de animales y plantas que son frecuentemente amenazadas por la caza para la comercialización y/o mascotismo, y en muchos casos, por costumbre de desafiar por «placer» a nuestras especies.

Según la ley argentina de vida silvestre (las piezas clave incluyen el Decreto 666/97 sobre Conservación de la Vida Silvestre, la Ley 14.346 sobre el Abuso y Actos de Crueldad hacia los Animales, la Ley del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, la Ley de Parques Nacionales y la Ley de Defensa del Patrimonio Forestal, así como varios leyes provinciales), hay 4 categorías de delitos contra la vida silvestre: (1) delitos de caza; (2) delitos comerciales; (3) delitos de licencia; y (4) ofensas dañinas. Las sanciones por tales delitos incluyen confiscación de bienes, cancelación o suspensión de licencias y / o permisos, multas monetarias y encarcelamiento. Los delitos y la gravedad de sus sanciones pueden diferir dentro de cada provincia.

La caza furtiva de animales está exponiendo a muchas especies a desaparecer y es por eso, que se debe concientizar el hecho de que la caza ilegal puede poner en riesgo a sus más bellas especies autóctonas por lo que se deben mantener y fomentar políticas efectivas y programas educativos, para preservar el balance del diverso ecosistema del país.